miércoles, 3 de agosto de 2011

Cap. 3: Pelea en el parque

Mientras subía de nuevo la cuesta hacia la urbanización, noté vibrar mi móvil. Lo saqué del bolsillo y vi que era Eddie.
-¿Eddie? -le dije, poniéndome el móvil en el oído.
-¿Melanie? Tia, nos tienes que ayudar. Estamos metidos en un buen lío... Ben se ha peleado con uno en el parque, y está sangrando mazo, y...
-¿Ben o el otro? -dije, mientras daba media vuelta y cogía el atajo hacia el parque.
-¡Los dos, pero sobre todo el otro! Verás, Ben estaba muy borracho y se nos escapó, y entonces oímos gritos y le vimos robándole el bolso a una señora, entonces el otro intervino y ¡Ben casi le mata! Porque llegamos a tiempo que si no... Ahora Ben está aún más pedo por las ostias, pero está bien. ¡El que me preocupa es el otro!
-Pásame con Damon -le ordené, cuando empecé a vislumbrar el parque entre los edificios de la urbanización.
Se oyeron ruidos mientras Eddie le pasaba el móvil a Damon.
-¿Mel?
-Damon, ¿dónde está la señora? -le dije, preocupada porque llamara a la policía o algo así.
-Se marchó corriendo en cuanto recuperó su bolso. Tranquila, no llamará a la policía.
-¿Cómo lo sabes? Si se enteran de lo de la pelea, además Ben está borracho y nosotros seremos cómplices, y encima hay un herido... -suspiré para calmarme, porque estaba empezando a hiperventilar.
-Tranquilízate, Mel. No es el fin del mundo, y no tienes que venir si no quieres. Ya le dije a Eddie lo que pasaría si te llamaba, pero está tan asustado que te ha llamado igualmente.
-¡Pues menos mal! ¿Crees que preferiría veros mañana en la cárcel?
Damon se rió sosegadamente, y me calmé un poco.
-Vale. Ya estoy entrando. ¿En qué parte del parque estáis?
-Sigue caminando, nos verás.
Colgué. Me guardé el móvil en el bolsillo y agucé la vista para mirar entre los árboles. Estaba anocheciendo, y las sombras se alargaban hasta llenar el espacio, y convertirse solamente en oscuridad.
El anochecer era mi hora favorita del día. Me gustaba sentarme en el alféizar de la ventana de mi habitación, en el segundo piso, y observar ponerse el sol, cómo el mundo se volvía naranja e irreal y todo parecía ser diferente.
A veces, daba miedo encontrarse sola entre tanta incipiente oscuridad anaranjada... ¿Y si los chicos aún estuvieran lejos, y hubiera algún atracador con una navaja dispuesto a rajarme por el móvil y el ovillo de hilo negro? ¿Tan gorda era la crisis?
-¡Eh, Mel! -susurró alguien en mi oído, cogiéndome del hombro y arrastrándome hacia los árboles.
-¡Damon! ¡Me has pegado un susto de muerte! -le grité en voz baja, dándole un puñetado en el brazo. Me puse seria-. Vale, ¿dónde están los demás?
-Aquí mismo -me dijo, señalando un poco hacia la derecha.
Por fin, les vi. Ben se encontraba tirado en el suelo, inconsciente, un poco más alejado de los otros dos; Eddie y el chico que había defendido a la mujer. Eddie estaba sentado al lado del chico, balanceándose inquieto, y el chico yacía en el suelo, con mal aspecto.
-¿Qué puedo hacer por él? -le dije a Damon.
-Necesitamos un sitio al que llevarle hasta que vuelva en sí. No se va a morir, tranquila -dijo, al ver mi expresión asustada-. Pero la cabaña de tu padre es ideal para esconderle, y está cerca de aquí, y...
-Vale -dije, pensando el lío en el que me iba a meter como mis padres se enterasen de lo que estaba a punto de hacer-. Por suerte, siempre guardo una llave de repuesto enterrada en la tierra, debajo del olmo, para ocasiones como ésta.
Así era mi vida; toda llena de secretos y mentiras. La desconfianza y el desprecio de mis padres me había vuelto autosuficiente y bastante traicionera. Siempre tenía acceso a todo, porque me aseguraba de copiar llaves de todo. Por si acaso. La verdad es que no confiaba demasiado en mis padres.
-Hola, Eddie. ¿Me ayudas a llevar a el chico? Damon, por favor, ocúpate de Ben, ¿vale? -dije, tomando las riendas. Era obvio que los chicos no sabían qué hacer.

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